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Fecha
de publicación: 21/May/2011
Trastornos del sueño en los niños
El sueño es imprescindible para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Mientras dormimos, se producen importantes cambios metabólicos y hormonales que son cruciales para el bienestar físico, mental y emocional. Algunos trastornos del sueño, como el insomnio, pueden deberse a hábitos erróneos.
En muchas familias, la hora de ir a la cama de los niños es un auténtico drama. Los padres no saben qué hacer con un niño que se resiste a dormir y que se despierta varias veces durante la noche. Muchos de los adultos que son insomnes lo han sido desde pequeños, razón por la cual es imprescindible que los niños aprendan cuanto antes a dormir solos. Si no existen otros problemas adicionales, el pequeño debería ser capaz de hacerlo desde los seis meses, según los especialistas.
Mecerle en la cuna o en nuestros brazos, o dejarle dormir en la cama con los padres, no son precisamente las mejores soluciones para que el niño aprenda a hacerlo cuanto antes.
Según Victoria de la Fuente, psicóloga de la Unidad del Sueño del Instituto Dexeus, si un niño de corta edad duerme mal, “durante el día se muestra más irritable, más excitado y más dependiente de la madre”. En la edad escolar, la falta de sueño repercute negativamente en toda su actividad, ya que tendrá dificultades para concentrarse y aprender.
Atacar el insomnio
Según el doctor Eduardo Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona y autor, junto a Sylvia de Béjar, del libro Duérmete, niño, el 98% de los casos de insomnio infantil se deben a hábitos erróneos, como que no duerma solo, o a frecuentes despertares nocturnos, sueño superficial…
Pero, además del insomnio, hay otra serie de trastornos que interfieren en la calidad del sueño, como son las pesadillas, el sonambulismo, los terrores nocturnos o la enuresis (mojar la cama).
Sonambulismo
Ocurre durante las 3-4 primeras horas de sueño. El niño suele sentarse en la cama con los ojos abiertos y una expresión de admiración o sorpresa; también puede caminar por la casa. Este trastorno, del que no recuerda nada después, no acarrea ninguna complicación.
Se debe conducir al niño hacia la cama, sin despertarlo, ya que duerme profundamente. Si se le despertara en ese momento, se aturdiría, porque no sabría qué es lo que ocurre. Las causas del sonambulismo no se conocen, aunque sí está comprobado que hay un componente hereditario. No hay ningún tratamiento porque va desapareciendo con la edad.
Pesadillas
Son sueños que generan ansiedad en el niño, que se despierta angustiado y con miedo. Ocurre en la segunda mitad de la noche, casi al amanecer. Por lo general, las pesadillas están relacionadas con algo externo que ha causado su inquietud: una pelea con un compañero, una película que le ha impresionado, miedo al colegio…
Ante estos episodios es preciso tranquilizar al niño y procurarle seguridad. Los expertos aconsejan hablar con él sobre sus temores y no forzarle a enfrentarse a ellos.
Terrores nocturnos
Son más que una pesadilla: el niño se despierta bruscamente y empieza a gritar, está completamente aterrorizado y es incapaz de conectar con la realidad. Para los padres supone una fuerte impresión y, a veces, no saben cómo reaccionar. El niño, por el contrario, no es consciente de lo que ocurre porque está profundamente dormido.
No hay que intentar despertarlo, porque además es muy difícil. Es mejor permanecer a su lado para vigilar que no se caiga, ni se mueva. Al igual que las pesadillas, los terrores nocturnos suelen aparecer alrededor de los 2-3 años y ceden al llegar a la adolescencia.
Otros trastornos
Bruxismo. También conocido como rechinar de dientes. Se produce por la tensión acumulada en la zona de la mandíbula y suele desaparecer con la edad, pero si es persistente y provoca daños en los dientes, habrá que emplear una prótesis dentaria.
Somniloquia. Hablar, reír, llorar, gritar… en sueños. Lo habitual es que el niño pronuncie palabras sueltas y que no recuerde nada después. No supone ningún problema, salvo para la persona con la que comparta habitación.
Movimientos de automecimiento. Los más frecuentes son los golpes de la cabeza contra la almohada y el balanceo de todo el cuerpo, que suelen ir acompañados de sonidos guturales. Se inicia hacia los 9 meses y desaparece con la edad.
Ronquidos. Los niños también roncan, se calcula que lo hace entre el 7 y el 10% de ellos, aunque generalmente la causa suele ser un problema de anginas o vegetaciones.
La siesta, “sagrada”
El doctor Estivill es un defensor de la siesta a cualquier edad, pero más aún en las tempranas. “Además de dormir bien por la noche, los niños necesitan un alto durante el día para reponer la energía gastada”, afirma. El tiempo dependerá de la edad, mucho más larga en el recién nacido y un breve descanso en las guarderías.
Lo que deben dormir
Hasta los 6 meses: entre 17 y 14 horas De 6 a 18 meses: 13 horas y media A los 2 años: 13 horas A los 3 años: 12 horas A los 4 años: 11 horas y media A los 5 años: 11 horas Hasta los 10-11 años: 10-12 horas.
No es una regla matemática, algunos niños necesitan menos horas y otros más, sin que ello repercuta en su actividad diaria.
La alimentación para dormir mejor
• Los hidratos de carbono favorecen el sueño: la pasta, el arroz, las legumbres, el pan, la fruta, los vegetales. • Vitamina B6, frutos secos, huevos, legumbres, espinacas. • Acidos grasos poliinsaturados: aceite de oliva, salmón, caballa, atún, sardinas.
Alteran el sueño
• Los estimulantes (bebidas con cafeína). • Postres y dulces. • Proteínas (carnes y pescados). Conviene tomarlos mejor durante el día.
Educar el hábito del sueño
• Mantener siempre los mismos horarios de comidas y de descanso. • Respetar un rito a la hora de acostarse, como contarle un cuento, acompañarle de su juguete o muñeco preferido…, pero no para que se duerma, sino para que lo asocie con un momento agradable antes de conciliar el sueño. • Los padres deben procurar salir de la habitación antes de que el niño se haya dormido. • Si llora, deben entrar a pequeños intervalos: la primera vez después de 1 minuto de llanto, la segunda a los 3 minutos y así sucesivamente, sin llegar a estar nunca más de 5 minutos. No es para que se duerma, sino para darle confianza y vea que no ha sido abandonado.
Autor: Carmen Salvador
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Fecha
de publicación: 21/May/2011
El Pofe no me quiere
En ocasiones los profesores nos dejamos llevar de simpatías y antipatías. Menos de lo que parece, pero ocurre; y suele ser un síntoma de los que comienzan en la profesión o de los que no han alcanzado madurez profesional. En una clase con veinticinco o treinta alumnos hay una gran variedad de situaciones y suelen darse tres o cuatro alumnos revoltosos, buenos o malos estudiantes, y que suelen ser corregidos con frecuencia.
Ahora está de moda entre los pedagogos hablar de alumnos hipercinéticos, es decir lo que siempre se ha llamado movidos.
Los alumnos o alumnas que al comenzar la primaria querían enormemente a su profesor o profesora al llegar a cuarto o quinto se comienzan a distanciar, el juicio sobre sus profesores comienza a ser crítico y ya no les parece necesariamente bien todo lo que hace o dice. Es una reacción lógica, propia de la evolución psicológica, y que anuncia lo que se acentuará con la adolescencia.
Reacciones de la familia
Las diferencias más notables se producen como consecuencia de la reacción de los padres. Actualmente el entorno social es más exigente y crítico con los profesores que hace unos años .
Antes, las decisiones del equipo educativo eran respaldadas por casi todas las familias de un colegio. En la actualidad hay una gran disparidad de unas familias a otras. Cuando a un hijo o hija en fase psicológica crítica se unen unos padres hiperprotectores tenemos el caldo de cultivo propicio par que se produzca una tensión familia-colegio.
Hace unos años, un error frecuente era no escuchar al hijo o hija, y sin mediar conversación, respaldar la actuación del profesor. no era raro recibir una bofetada si se llegaba a casa quejándose de que le habían pegado. Esto ha cambiado pero, de todas formas, en algunos casos es como si hubieran vuelto del revés las cosas ahora el niño tiene siempre razón y el profesor ha de demostrar lo contrario.
Escuchar y analizar
A mi juicio, siempre debe escucharse al hijo o hija, aún sabiendo que por apasionamiento o por falta de perspectiva muchas veces estará equivocado. La sensatez de los padres les llevará a que si el asunto es grave o repetitivo, vayan al colegio a hablar con el tutor o el jefe de estudios. El resultado educativo de los enfrentamientos suele ser nulo o contraproducente.
La mayoría de las ocasiones no procede dar más importancia a lo que son los pequeños roces naturales de la convivencia. Los hijos deben acostumbrarse a saber que sus profesores son personas de carne y hueso, que hay unos más simpáticos que otros, que uno es muy exigente y el otro menos. En fin, la vida es variada y cuanto antes se acostumbren a esa diversidad, antes se adaptarán al mundo.
Ordinariamente la respuesta a esa excusa infantil de la supuesta manía del profesor, debe ser ayudar al hijo a reconocer su responsabilidad personal y a asumir las consecuencias de esa mala actuación, bajo rendimiento académico... Sólo en aquellos casos que con suficiente fundamento percibamos que el chico o chica tiene razón, procede actuar de otra manera.
En muchas ocasiones el tutor tiene suficientes datos sobre profesor y alumno como para darnos un consejo acertado. Si el afectado es el propio tutor lo aconsejable es acudir a alguna persona del equipo directivo.
¿Quién tiene razón?
Para un profesor no debe ser motivo de afrenta el pedir perdón a un alumno por una mala actuación. Eso no es perder la autoridad salvo para quien, por orgullo, no está dispuesto a rectificar. Por la misma razón, hay que enseñar a los alumnos a pedir perdón, en público o en privado. Es mucho más frecuente el apasionamiento y la ceguera entre los alumnos que entre los profesores y no suele ser buen método un careo entre profesor y alumno.
En principio, y mientras no se demuestre lo contrario, se debe presuponer equidad en el profesor y que por tanto no actúa por simpatías y antipatías. Cuando no sea así, su inmediato superior deberá corregir al profesor con toda la claridad necesario pero salvando siempre la autoridad moral que el profesor necesita tener delante de los alumnos.
Autor: José Manuel Mañu
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Fecha
de publicación: 21/May/2011
Adolescencia
Llega a una edad en la que el niño deja de serlo y no es todavía un adulto. Edad en que se produce una especie de ruptura de equilibrio en vista de un equilibrio nuevo y de la conquista de la personalidad, que harán poco a poco de este niño no sólo un joven o una joven, sino tal joven -chico o chica- determinado.
Resulta de esto un período de crisis que comienza, en general, hacia los trece años y que puede durar dos o tres.
Con frecuencia, en este período, los padres, que han olvidado por completo lo que a ellos mismos les pasó, se sienten desorientados, porque no reconocen ya a sus hijos. Lo primero que ha de hacerse es no asustarse. Se trata de una crisis normal, que pasará con tanta mayor rapidez y facilidad cuanto más los padres se esfuercen en comprenderla.
El adolescente, que deja de ser un niño, comienza por tener una crisis de emancipación. No quiere formar parte del mundo de los pequeños; no quiere ya ser tratado como un niño; no les gusta que le hagan decir sus lecciones; no quiere que se le mande por la noche a acostar; se molesta por la menor observación, sobre todo si se la hacen delante de hermanos y hermanas más pequeños.
Este deseo de emancipación es la manifestación de un progreso natural en vías de evolución. Sería en vano y peligroso intentar dominarlo por la fuerza.
Lo que caracteriza la adolescencia es una transformación fisiológica. Importa, pues, que los padres hayan prevenido a tiempo a sus hijos. Pero en cualquier caso resultará de ello una fragilidad física, una inestabilidad de carácter que es necesario tener en cuenta.
No hay por qué extrañarse en este período de cambios de humor, arranques no razonados, desigualdad en el trabajo, sucesión imposible de prever de alegría ruidosa y gesto sombrío.
El adolescente siente la impresión de no ser él mismo. No comprende lo que pasa en él. Siente más o menos confusamente algo en sí más fuerte que él mismo... Pero difícilmente lo afirmará. No aceptará con gusto reproches o reconvenciones, y éstos le producirán, en general, la sensación de ser un incomprendido.
Los adolescentes intentan, con frecuencia torpemente, afirmar su naciente personalidad oponiéndose a la tradición, al conformismo, al criterio de los adultos. Pocas veces tienen pensamiento propio y reflexivo. La prueba es que varía con mucha facilidad sobre el mismo asunto en algunos días de intervalo. Pero se colocan instintivamente en la oposición de lo que vosotros afirmáis. No saben siempre lo que quieren con precisión. Por lo menos, quieren algo distinto de lo que vosotros queréis, y con frecuencia lo contrario de lo que deseáis. Por otra parte están dotados en esta época de una plasticidad artística y de artesanía que los capacita para interesarse por las actividades más inesperadas, a través de las cuales buscan su orientación y realizan la selección de sus gustos y aptitudes.
En esta edad, que se llama impropiamente "la edad ingrata", no les es suficiente que los quieran, y -hecho que desconcierta mucho a las madres- hasta los abrazos, los mimos, las manifestaciones de cariño familiar, los encuentran indiferentes, si no son hostiles. Lo que ellos quieren es no sólo ser amados; es amar por sí mismos y elegir sus amistades, naturalmente, fuera de su casa.
Son capaces, a la vez, de un egoísmo casi cínico para todo lo que concierne al cuadro familiar y de una abnegación espléndida fuera; por los pobres, por un ideal, por un movimiento político o religioso.
Es la época en que principalmente conviene orientarlos, sin imponérselo nunca, hacia una organización de juventudes. La abnegación con que se entregarán a ella será tal vez lo que mejor podrá ayudarlos a salvar ese período de crisis y a volver a encontrar el equilibrio en las mejores condiciones: dándose es como se equilibrarán.
Para los jóvenes es la edad de la pasión amorosa; por un profesor, por una profesora. Si el objeto de la pasión es algo bueno y equilibrado, no hay que inquietarse; pasará por sí solo.
Si la evasión del medio familiar no se orienta hacia una organización juvenil, el adolescente puede desviarse en otros sentido, no sin peligro: el de los sueños, la imaginación; es la edad por excelencia del romanticismo y de lo novelesco.
No os extrañéis si en esta época vuestro hijo no quiere salir con vosotros. Lo importante -pero este importante es esencia- es que el medio en que busque sus diversiones y descanso sea moralmente sano. Aquí también interviene la elección de la organización juvenil que mejor responda a sus aspiraciones.
Estos niños grandes son capaces de entusiasmarse por las cosas grandes y bellas, como también por cualquier pequeñez. No se os ocurra burlaros; son muy susceptibles. No intentéis adivinarlos; son muy suspicaces: se repliegan en sí mismos y se cierran más; son muy celosos de su autonomía, de su independencia: su personalidad se yergue. ¡Son muchachos mayores, no chiquillos! Sobre todo, que no les parezca que se los vigila.
Esta última palabra me trae a la memoria la distinción un poco sutil, pero fundamentada, que se estableció un día entre dos traductores del mismo término griego "episkopein", de donde procede la palabra obispo; una de las traducciones, que siguió literalmente los elementos de la composición del verbo griego, dio "vigilar". El otro invirtió, podría decirse, el orden de los factores y dio "velar por". Se ve enseguida la diferencia. Un padre no vigilará a su hijo ya mayor, tendrá confianza en él; pero velará por él para hacerle aprovechar las ocasiones de demostrar su talento o sus cualidades.
Dad a vuestros adolescentes ocasión de contribuir activamente en las decisiones comunes relativas a la casa. Será un medio de dominar razonablemente la exagerada tentación de evadirse del hogar familiar.
La experiencia demuestra que los muchachos cuya opinión se tiene en cuenta en los asuntos del gobierno de la casa, alimenticio, de diversiones, radiofónico, etc., en el seno de la familia, buscan menos que otros ejercitar la libertad fuera.
Sobre todo, ante las manifestaciones de independencia, de evasión, de oposición, de vuestros hijos y de vuestras hijas adolescentes, no dramaticéis. Nada de escenas, lágrimas o reproches...; menos aún violencias.
En esta edad más que nunca, saben persuadirlos y procurad no obligarlos.
Cuando deseéis conseguir alguna cosa de ellos, apelad a los móviles más elevados; no os apoyéis en motivos exclusivamente utilitarios; a pesar de las apariencias, están en la época de los idealismos desinteresados. Es también la edad de la poesía, en la que gusta hacer versos sobre todo y a propósito de todo.
En términos generales, evitad el burlaros de ellos; mostraos compasivos; más aún; hacedles sentir que los comprendéis. Conservaréis de esta manera ante ellos la autoridad moral, de que tanta necesidad tienen, sin que lo sepan, para ayudarlos a canalizar en buen sentido las fuerzas nuevas y magníficas que los encaminan hacia la edad adulta.
Tranquilizaos; esos años difíciles pasarán. Si vuestros hijos comprenden que los amáis por sí mismos, que no solamente no queréis impedir que crezcan, sino que deseáis ayudarlos a conseguir una personalidad de hombres o mujeres dignos de tal nombre, vuestros hijos y vuestras hijas conservarán su confianza en vosotros o, pasada la crisis, sentirán y os demostrarán un afecto redoblado.
Autor: Gaston Courtois
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Fecha
de publicación: 21/May/2011
10 consejos para ser un buen estudiante
1. - La inteligencia
Hay personas bastante inteligentes que apenas necesitan estudiar, así como otras para quienes - parece - que estudiar no es lo suyo. Pero lo normal es tener una inteligencia media y los buenos resultados se obtienen con una motivación adecuada que facilite el esfuerzo que supone estudiar. Piensa cuáles son las razones que tienes para estudiar. Cuanto más valiosas, mejor. Sin voluntad de estudiar, no hay nada que hacer... y los motivos que tengas para estudiar son decisivos.
2. - No tengo voluntad
Es algo que le ocurre a mucha gente y que tiene que ver con los cambios que se dan en la adolescencia. Hay muchísimas otras cosas que son más divertidas. Pero te estás jugando el futuro... en unos años decides lo que vas a ser el resto de tu vida...
Hay alumnos que han repetido curso con buenas notas... Han cambiado, tienen un motivo. Así como tú lo tienes para oír música, hacer deporte, irte con los amigos y amigas... debes tenerlo, para estudiar. Y ese motivo ha de salir de ti. Los premios y los castigos pueden ser eficaces, pero a la larga no son lo decisivo. Si tienes voluntad, pero hay que ejercitarla
3. - Las técnicas de estudio
Habrás oído hablar o lo habrán dicho de ti: "este chico no sabe estudiar". Hay maneras de aprender a hacerlo, muchos libros, páginas web, la ayuda de un profesor, de tus padres. Pero en el fondo, todo es sentido común. A estudiar se aprende estudiando y tú mismo verás cuales son los sistemas que te van mejor. Si quieres aprender algo más, sigue leyendo.
4. - Lo más básico
Necesitas un lugar de estudio tranquilo, donde todo esté a mano, con una silla cómoda y luz suficiente. Y nada de música, ni TV. No te engañes, con música no se puede estudiar: puedes dibujar, copiar..., pero no memorizar ni concentrarte. No te levantes a cada momento..., persevera sentado al menos 45 minutos. Luego descansa 5-10 ´y... sigue.
Y también un horario. No tiene por qué ser rígido, ha de ser flexible pero lo normal en secundaria es que gastes entre media hora y una hora para hacer las tareas y tres cuartos o una hora para estudiar. Si entre lunes y viernes no has obtenido 10-12 horas de estudio, el fin de semana hay que recuperar. Y algo más en tiempo de exámenes. Deja, si puedes, para el fin de semana las tareas que te lleven más tiempo: Una lámina de dibujo, un trabajo para una asignatura. Es una pena que pases el tiempo haciendo como que estudias cuando tu cabeza está muy lejos. Deja de soñar despierto. Aprovecha el tiempo y luego, podrás hacer muchas otras actividades.
5. - En clase. Los apuntes
Es una tontería perder el tiempo en clase. Si aprovechas ese rato, tendrás mucho adelantado. Si, por alguna razón, os dejan tiempo libre, de estudio, adelanta tarea.
Puede que el profesor siga el libro: en ese caso toma notas de lo que dice, de aquello en lo que insiste. Si da apuntes, sigue atento y toma nota en todo lo que puedas, con sentido común. Subraya aquello que repita, es lo que considera básico.
De una manera u otra, luego tendrás que repasar lo que has escrito -no hace falta que lo pases a limpio- pero deja claro el tema de modo que lo entiendas, ahora y dentro de unos meses. Si has faltado a clase o tienes los apunte incompletos, pídeselos a un compañero.
6. Memorizar
En la mayoría de las asignaturas tendrás que estudiar, memorizar los contenidos de las lecciones. No intentes aprenderte algo que no entiendes; por eso es tan importante lo que te dije en el punto anterior.
Cada persona tiene su propio sistema para fijar en la memoria las lecciones: leerlo en voz alta, repasarlo varias veces e intentar repetirlo sin mirar el texto... lo importante es que tengas en cuenta que no te sabes un tema si no eres capaz de explicarlo. Y es muy conveniente que estudies cada día lo, explicado en clase. Así te será más fácil, pues los tienes "frescos" en la memoria y es mejor aprender un texto corto que enfrentarte a un montón de páginas cuando lleguen las épocas de evaluaciones.
7. - Los exámenes
Se dice por los profesores que el curso se aprueba en Septiembre. No valen excusas: ya estudiaré cuando llegue el examen es un enorme error. Si estudias cada día cuando llegue el momento del examen sólo tienes que repasar conocimientos ya adquiridos, recordar lo que ya sabes. Si lo dejas todo para el final, acabarás con la cabeza llena de fórmulas, definiciones, fechas, etc... un caos.
Los exámenes son de distintos tipos: hay que preparar cada uno de modo diferente. Auto examinarse da buen resultado.
Duerme bien la noche anterior al examen, ni se te ocurra tomar ninguna pastilla - lo pagarás muy caro -. Así evitarás el nerviosismo y el cansancio. Tampoco es bueno hacer comentarios con los compañeros momentos antes de empezar el examen: sólo conseguirás convencerte de que no lo llevas bien preparado y te pondrás más nervioso aún.
Lee detenidamente las preguntas antes de lanzarte a responder, incluso hazte un pequeño esquema siquiera mentalmente. Si te es posible, responde primero las preguntas más fáciles y deja para el final las que no te sabes bien. Esto es especialmente importante en problemas de matemáticas, física, traducciones... Muchas veces gastas todo el tiempo de que dispones en hacer un problema y dejas el resto en blanco.
Comprueba los resultados, las unidades, la ortografía. No te precipites en entregar: usa todo el tiempo de que dispongas.
8. Para estudiantes de ciencias. Los problemas
Aunque es difícil dar una regla común, en matemáticas, Física, química muchas pruebas incluyen problemas: a partir de unos datos tienes que hallar otros, mediante una fórmula o varias.
En primer lugar has de elegir la fórmula adecuada, luego sustituyes las variables por los valores que te den ( ¡ Las unidades!) y te quedarán una o varias incógnitas para despejar. Hazlo con sumo cuidado y repasa los cálculos: es muy probable que te pidan los resultados exactos, y no bastará con que la solución esté bien planteada.
9. A pesar de todo, no consigo buenos resultados
¡Ánimo, todo tiene solución en esta vida! Piensa en cuáles son tus fallos como estudiante, sé constante, no te desanimes... los resultados tardan en llegar, y los fracaso sirven para adquirir experiencia, no para lamentarte Pide consejo a alguien con experiencia, realiza algún test de técnicas de estudio y perfecciona tus métodos como estudiante.
Quizá tengas problemas personales que te impiden concentrarte. Acéptalo y busca una solución, aunque a menudo no es fácil. Intenta desconectar de él cuando toca estudiar. Te juegas el futuro.
Si estás todo el rato pensando en una chica, estoy casi seguro que lo que más le agradaría es que no piense tanto y que estudies con provecho, para ofrecerle algo valioso, que se sienta orgullosa de ti.
10. Y lo más importante
Hay un punto de Camino, donde se afirma que "Una hora de estudio es una hora de oración": este libro tiene muchos puntos, un capítulo entero, dedicado al aspecto sobrenatural del estudio. Te vendría muy bien considerarlo detenidamente.
Ofrece a Dios tu trabajo. Puede resultarte de utilidad tener un crucifijo o una imagen de la virgen delante.
Autor: varios
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Fecha
de publicación: 21/May/2011
Claves para saber si su hijo sufre de bulling
El estudio fue realizado por la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal de México (Sspdf), donde durante 2009 se registraron cerca de 150 casos de suicidios de niños y adolescentes acosados por el bullying. Según los funcionarios, existe una serie de pautas que dan cuenta de que un menor es sometido en el colegio a agresiones físicas, insultos, rumores, humillaciones, apodos y amenazas, entre otros, publicó el sitio web El Universal. Las clavesComportamiento: en general, los alumnos que sufren de acoso en la escuela presentan cambios en su conducta y en su humor. Ejemplos de esto son los períodos, cada vez más frecuentes, de tristeza, llanto, irritabilidad, pesadillas y falta de apetito.Dolores: uno de los indicios más recurrentes es la presencia de dolor de cabeza, estómago o vómitos en el niño afectado.Distracción: también es común que el menor-víctima pierda pertenencias escolares o personales como lentes, mochila y libros. El uniforme o guardapolvo roto es otra señal a tener en cuenta.Golpes: una de las formas más confiables para corroborar que un menor sufre agresiones por parte de sus compañeros es la observación de su cuerpo. Si presenta con frecuencia golpes, hematomas o rasguños que atribuye a sucesivas caídas o accidentes, comience a indagar con mayor profundidad.Aislamiento: si evita salir de casa, no muestra interés por relacionarse con sus compañeros, no acude a excursiones o visitas escolares, se niega a asistir al colegio o insiste en entrar o salir acompañado, el niño puede estar siendo víctima de acoso escolar.Rendimiento escolar: en general, a la resistencia a asistir a clases se suma una baja en sus calificaciones, a menudo a causa de la falta de concentración producto del bullying. Consejos Los especialistas de la Sspdf ofrecieron una serie de recomendaciones para los padres que descubran que sus hijos son víctimas de acoso escolar. Ellas son:Ignorar: los expertos señalaron que es positivo que el niño no preste atención al agresor, y que actúe como si no lo escuchara o no estuviera.Evite llorar: se aconseja al menor que no llore ante el hostigamiento. Tampoco resulta enojarse o demostrar que lo que sucede lo afecta, debido a que esto es lo que el victimario busca.Tranquilidad: aunque se trata de una situación difícil, lo mejor es que el niño actúe con tranquilidad y firmeza. Otra forma de reaccionar ante el insulto es responder: "No, estás equivocado, eso es lo que vos pensás".Hablar con un adulto: para los expertos, esto es fundamental para lograr combatir elbullying. Aconsejan que se enseñe al menor a recurrir a sus padres o a la maestra para que puedan dirigirse a las autoridades escolares, quienes son las que deberán solucionar el problema.
Autor: Varios
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